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Recuperar
la memoria y la dignidad olvidadas
En
la actualidad todo este proceso ha pasado en buena medida al olvido,
con todas las consecuencias políticas y sociales que ello
conlleva. Con este proyecto pretendemos precisamente recuperar la
memoria; dar voz a los silencios y a los olvidos, que se han traducido
en una manipulación de la historia, y en definitiva reconocer
la labor de los hombres y las mujeres que durante años tuvieron
que pagar con la pérdida de su libertad y con su trabajo
haber luchado por la defensa de la legalidad democrática.
En este sentido es necesario que los propios presos, sus mujeres,
sus hijos
recuperen la palabra y con ella unos derechos que
han sido escamoteados por el Estado. Es por eso que pretendemos
recuperar y dar a conocer la vida de estos hombres y mujeres que
vivieron una experiencia tan insólita como dura, al fin y
al cabo nuestra meta es aprender de ellos: de sus experiencias,
de sus vivencias, de sus sentimientos
difundir ese conocimiento,
simplemente dando forma a una realidad que dejó de serlo
y que ahora puede volver a ser parte de nuestro acerbo cultural
y político. Es nuestra responsabilidad que las generaciones
más jóvenes no olviden nunca la deuda pendiente con
las generaciones mayores, sobre todo, con aquellas a las que se
les negó primero la libertad y después la memoria.
En esta iniciativa que se propone confluyen una serie de factores
que justifica su oportunidad e, incluso, sugieren un elenco de actividades
a desarrollar íntimamente relacionada con la metodología
y su finalidad última.
Desde
hace unos años asistimos a un proceso de reconocimiento de
errores del pasado, de abusos cometidos
en épocas de confrontación bélica. Entre los
de mayor repercusión están la esclavización
laboral del régimen nazi o la de tipo sexual en el Japón
de la Segunda Guerra Mundial. No es un hecho nuevo en la historia
ni, desgraciadamente, en la actualidad, pero sí lo es la
conciencia social que exige una rehabilitación moral por
una cuestión de dignidad humana que sólo podrá
venir de mirar de cara los hechos sin falsearlos. Sin duda, actitudes
de responsabilidad colectiva de este tipo constituyen indicadores
de salud democrática de una sociedad que, con demasiada frecuencia,
vacía de contenido palabras que encierran altos conceptos
y valores
que sólo en palabras se quedan. De Alemania,
Austria o Japón vienen algunos de estos signos esperanzadores,
casi inevitables porque, como dijo Günter Grass, «
las
generaciones futuras preguntarán
».
En «el
canal de los presos», obra emblemática que simboliza
estas circunstancias, se dan cita aspectos de esta naturaleza. Su
estudio permitirá ampliar la estrecha perspectiva que en
España se ha hecho sobre el reconocimiento de las consecuencias
penales de la oposición al franquismo. La Ley de Amnistía
de 1977 supuso la extinción completa de las penas y todos
sus efectos por motivos políticos, aunque hubo que esperar
hasta 1990 (disposición adicional 18a de la Ley 4/1990, de
Presupuestos Generales del Estado), para que se estableciera un
régimen de indemnizaciones. Dicho régimen se aplicaba
a supuestos muy restrictivos: sólo considera el derecho de
indemnización por la «privación de libertad»
para un cierto número de años (tres) y para una cierta
generación de la inmediata postguerra (52 años o más
en 1977). Es decir, que fue tan restrictiva que dejó fuera
a un colectivo numeroso que no pudo acogerse a ellas (algo menos
de 60.000 personas beneficiarias, de un total de 102.000 solicitudes)
como reconoce el Defensor del Pueblo Andaluz en su Informe al Parlamento
de 1999.
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Con
posterioridad, algunas Comunidades Autónomas han establecido
normas propias que mejoran el parco tratamiento estatal. Entre ellas
Andalucía. En general, estas normativas autonómicas
amplían los supuestos indemnizatorios rebajando el nivel
de exigencias de 1990, reduciendo el tiempo de cárcel durante
toda la dictadura (hasta la Ley de Amnistía de 1977) y dotando
algo más la cuantía económica.
Además de la parcialidad y restricciones con que ha sido
contemplada esta «subsanación» de la deuda histórica
con los presos de la dictadura franquista, en nigún caso
se ha tenido en cuenta que, junto a la privación de libertad,
ha existido otra modalidad de dominación y explotación,
consecuencia directa de un régimen de dictadura militar:
el «trabajo esclavo» de miles de presos que han aportado
beneficios directos e indirectos a la economía del país
y, muy particularmente, a determinados sectores públicos
y empresas privadas.
Se trata, por tanto, de un concepto no previsto hasta ahora en las
diferentes iniciativas sobre el régimen de indemnizaciones
derivada de la dictadura, pero que, en la actualidad, está
en el debate abierto en diferentes países europeos con relación
a la utilización de presos por la Alemania nazi. Planteamiento
que implica no sólo la responsabilidad del Estado, sino también
la de grandes empresas, e incluso afecta a la Iglesia católica
que ha mantenido una actitud titubeante. En todo caso, hay que destacar
que en el centro de este debate, más allá de las indemnizaciones
económicas, está la reparación moral hacia
unas personas que vivieron doblemente los efectos de la dominación
y explotación de regímenes totalitarios.
«El Canal de los Presos» reúne esos argumentos
que, en su conjunto, podría simbolizar la reparación
moral de aquellos sectores sociales sobre los que han pesado las
más duras condiciones de vida y trabajo. Por ello, los objetivos
de esta iniciativa no son sólo los de la estricta investigación
histórica, antropológica o jurídica, sino que
también incluyen los de sensibilizar a la sociedad actual
sobre acontecimientos del pasado que han sido silenciados de forma
indigna para quienes lo padecieron. Es una obligación democrática
el reconocimiento público y la rehabilitación moral
de las personas que fueron objeto de la represión, y obligadas
a realizar trabajos civiles en duras condiciones de precariedad
y sufrimiento.

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