Trece árboles crecen por los Desaparecidos de Cuesta Barriga: (28 de marzo)

Un emotivo y masivo homenaje se rindió el domingo 18 de marzo a la dirección clandestina del Partido Comunista secuestrada en diciembre de 1976. En la caravana, en la marcha y en el acto, la verdad y la justicia se arrimaron a otra palabra que algunos pretenden olvidar: la Unidad. Banderas rojas con la hoz y el martillo se fundían a otras con el mapa de Latino América y un hacha en su centro: eran los emblemas del pueblo que volvían a marchar juntos. Las manos de comunistas y socialistas se trenzaban para conjugar esa unidad que da la vida a quienes soñaron por un país diferente, se entregaron por completo al proyecto popular y enfrentaron sin tregua a la dictadura. También la presencia de los hijos que se querellaron contra los mandos uniformados, entre quienes hay hijos de miristas, socialistas, comunistas y rodriguistas ejecutados y desaparecidos, formaron parte del espíritu amplio, plural y unitario que tuvo esta iniciativa del Comité Central del PC.

Los abrazos se multiplicaron entre aquellos que no se veían hacía mucho tiempo. La marcha iniciada dos kilómetros antes del lugar en que se sigue buscando restos de los desaparecidos, fue encabezada por las presidentas de la AFEP y la AFDD, Patricia Silva y Viviana Díaz, la Secretaria general del PC, Gladys Marín, el Alcalde socialista de Padre Hurtado, Desiderio "Charo" Moya, dirigentes de las organizaciones de ex presos políticos y exonerados, y concejales de los partidos socialistas y PPD de la zona, junto a las cerca de dos mil personas que soportaron el agobiante calor del mediodía, el ascenso y las curvas, con gran mística y entusiasmo. En el camino había dispuestas ambulancias y camiones con agua, dispuestos por el edil de Padre Hurtado, para socorrer cualquier emergencia y ayudar en la subida a las personas mayores y a las muchas familias que iban con niños pequeños.

Los cantos de la FUNA, los gritos de siempre de los derechos humanos y las referencias nuevas a los intentos de impunidad se alternaban con el "Venceremos" y "El pueblo unido" en el trayecto, mientras en el lugar del acto el escenario levantado sobre un camión ya emitía canciones de homenaje. El primer discurso estuvo a cargo del Alcalde Moya, quien declaró emocionado que "las puertas de la comuna de Padre Hurtado están abiertas para todo aquel que clama por justicia". Luego le tocó el turno a Gladys Marín, quien se extendió en el caso de los 13 desaparecidos, recordando que "ellos asumieron en los tiempos duros, concientemente, con todos los riesgos que vivieron, esa parte que nos correspondía a los comunistas, junto a los socialistas, miristas, radicales y todos los militantes de la Unidad Popular. Ellos asumieron la responsabilidad de continuar una marcha histórica que no se puede cortar: la marcha histórica iniciada por Luis Emilio Recabarren. Aquella que en el siglo pasado tuvo como su punto más alto el gobierno popular que encabezara Salvador Allende, un gobierno democrático, el más avanzado.

Nuestros compañeros caídos, cuyos restos comienzan a aparecer acá, asumieron ese compromiso. ¿Quiénes eran ellos? Once eran militantes del Partido Comunista y dos militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Fueron detenidos entre noviembre y diciembre de 1976, conformando lo que se llamó el "Caso de los trece". Allí están nuestros compañeros Armando Portilla, Fernando Navarro, Horacio Cepeda, Lincoyán Berríos, Fernando Ortiz, Waldo Pizarro, Héctor Véliz, Luis Lazo, Lizandro Cruz, Edras Pinto y Reinalda Pereira, embarazada de seis meses al momento de su detención; y los dos compañeros del MIR, Edmundo Araya y Carlos Durán. Ellos fueron detenidos en medio de la lucha, en los momentos más duros; fueron llevados a campos de prisioneros, torturados hasta el infinito, negados mil veces cuando se preguntaba en los organismos internacionales, en Naciones Unidas. Militares y civiles negaron su existencia, los hicieron aparecer pasando hacia Argentina y ahora han dado fechas falsas de sus muertes. ¿Cómo llegaron acá? ¿Cómo los trajeron, los cobardes? Aparecen algunos huesos, algunos dientes, pero ellos no eran restos, eran personas íntegras, completas. ¿Cómo los torturaron? ¿Cuántos de ellos están aquí? No lo sabemos ¿Habrá seis, ocho? ¿Estarán los trece? ¿Cómo llegaron? ¿Vivos? ¿Muertos? ¿Les abrieron el vientre o les sacaron los ojos con las bayonetas? Nos preguntamos esto, no para detenernos en el dolor, sino para desde la verdad fortalecer nuestro compromiso. Quizás llegaron vivos, quizás los arrojaron por los respiraderos de la mina abandonada, quizás lanzaron dinamita sobre sus cuerpos. ¡Vamos a saber la verdad! Ante tanta maldad, tanto crimen, exigimos hasta el fin la verdad y la justicia. Eso venimos a ratificar aquí. No nos vamos a conformar con verdades a medias, ni con pedazos de verdad, porque sólo ése, aunque sea un camino largo y difícil, es la única forma de construir una sociedad verdaderamente democrática.

Si queremos avanzar hacia el futuro debemos caminar con la verdad, la justicia y la democracia. Debemos saber qué pasó con cada uno de los nuestros, con cada detenido desaparecido, con cada ejecutado, con cada torturado, exiliado, exonerado. Por todos ellos seguimos exigiendo la verdad y la justicia. Esto no es odio, como suelen decir hoy desde los balcones de palacio, desde los púlpitos de las iglesias o desde los cuarteles militares. Al contrario, sólo queremos la verdad y la justicia para que nunca más, con ningún ser humano, se repita lo que ocurrió con nuestros compañeros.

Cuando se ha avanzado en materias de justicia en nuestro país, tantos que formaron parte de las filas de la dictadura salen en forma vergonzosa a decir que no sabían lo que pasaba, pero resulta que en las Naciones Unidas se condenó a la dictadura los 16 años en forma consecutiva. Sabían, pero callaron.

Otros, como el actual presidente de la Corte Suprema, fueron testigos de los miles de recursos de amparo. Todo lo sabían pero se conformaban con los informes del ministerio del Interior o de los cuarteles militares. Lo que pasa es que el Poder Judicial fue cómplice de la dictadura, porque si hubiesen actuado, muchos de los desaparecidos se habrían salvado. Sergio Diez y Sergio Fernández, hoy miembros del Senado, negaron la existencia de los desaparecidos. Pero todas las maniobras van a fracasar, la fuerza de la justicia se impondrá porque lo ocurrido fueron crímenes contra la humanidad.

Desde Cuesta Barriga decimos que la verdad emerge desde la tierra, a través de todo Chile, como en el Fuerte Arteaga y en Coelemu, como en la cercana zona de Lonquén, donde aparecieron los primeros detenidos desaparecidos.

Nuestros compañeros lucharon por democracia y por justicia, son los héroes de nuestro tiempo. La finalidad del golpe fue imponer este modelo económico, este tipo de sociedad; para eso mataron, para eso hicieron desaparecer. Ellos resistieron y nos piden a nosotros que sigamos haciéndolo, que sigamos luchando. Ellos lucharon contra la dictadura y nosotros heredamos la lucha por deshacer todo lo que dejó la dictadura. La Constitución del 80 no puede continuar, tampoco el sistema binominal, ni el modelo económico que deja y deja cesantes en los caminos, que quiere eliminar el salario mínimo, legislar para imponer doce horas y más de trabajo, quieren eliminar el domingo como día de descanso. La lucha de hoy, por lo tanto, es la proyección de la lucha de ayer; es contra la desigualdad, contra el hambre, contra la exclusión, contra los amos del mundo, como aquellos que se reunen a toda pompa en Santiago.

Lo que hemos avanzado, como el desafuero y procesamiento de Pinochet, lo hemos logrado sólo por la lucha de las agrupaciones de familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, por los ex presos políticos, por los hijos que se querellaron contra los comandantes en jefe, por los jóvenes de la FUNA, por todos los que no nos hemos cansado y aportamos cada quien con su grano de arena. También, especialmente por el juicio iniciado en España, por la detención en Londres y la solidaridad internacional y de los compañeros que aún viven en el exilio. Nada ha venido de los gobiernos de la Concertación, ni del Parlamento, sólo ha sido la lucha en la calle, la soberanía popular, la que ha impuesto la idea de que la verdad y la justicia son irrenunciables. Ese es el compromiso de hoy, ése es el camino. La verdad y la justicia, como el pan y el trabajo, se conquistan en las calles y con la organización, y a las calles tenemos que salir. Las querellas en las calles, la exigencia en las calles, las huelgas en las calles. En nuestra memoria estará siempre el ejemplo de Sola Sierra, que en las calles abrió el camino para la verdad y la justicia.

Desde este lugar, de dolor y de vida, llamamos a impedir cualquier intento de impunidad que se teja en la oscuridad de los pasillos. El tema de los derechos humanos es de todos, no nos pertenece ni a los partidos, ni a los familiares: es de toda la sociedad.

Aquí estamos, queridos compañeros desaparecidos, aquí está el Partido de Recabarren al que pretendían hacer desaparecer, diciéndoles que seguimos de pie, más vivos que ayer, dispuestos a seguir esta marcha".

Tras el discurso de Gladys Marín hizo un breve saludo María Véliz, hija de uno de los desaparecidos cuyos restos estarían en este lugar; cantó el conjunto de la AFDD y se pasó al sitio donde se levantará un monolito recordatorio para plantar trece laureles en flor, simbolizando a cada uno de los compañeros desaparecidos, lo que realizaron familiares junto a militantes de las Juventudes Comunistas.

Los abrazos no cesaban cuando comenzaba el camino de regreso. Las ambulancias y los vehículos que habían llegado hasta el lugar del acto ayudaban en el retorno de las personas de más edad y de los pequeños; el compromiso fortalecido con el ambiente solidario y fraterno continuaba subrayando esa palabra que muchos quisieran borrar: Unidad.

Redacción de El Siglo

<<<<< volver