El BID y el Desarrollo Desigual (30 de marzo de 2001)
Concluida la 42º Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, realizada en Santiago, lo más probable es que para la mayoría de los chilenos no esté muy claro el real significado de tan solemne encuentro, que costó al país más de dos millones de dólares y hasta ahora ha sido reflejado más como un megaevento destinado a llenar las páginas sociales de la prensa que como motivo para un profundo debate acerca de las estrategias políticas que en él se ventilaron.
Más de 40 organizaciones de trabajadores, ecologistas, sectores académicos y científicos, de estudiantes, de derechos humanos, además de colectividadess de izquierda convocaron a sucesivas manifestaciones públicas contra las políticas impulsadas por el BID, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que en los países de la región significaron la implantación de las llamadas políticas de ajuste que se tradujeron en el demantelamiento sostenido de las políticas públicas en materia de salud, educación y vivienda, la bancarrota de la industria nacional y la privatización de las empresa del Estado, y la reformulación de las leyes laborales en favor de los empresarios. Aumento de la cesantía, caída de los salarios, invasión de productos importados y apertura incondicional a la llegada de empresas transnacionales para que tomen el control de las industrias estratégicas, la banca y las riquezas básicas, ocupan un lugar recurrente en las declaracioness de quienes convocaron a protestar frente al evento.
La represión policial desplegada durante todos los días del encuentro con el fin de impedir la más mínima manifestación de repudio, no vaciló en detener y arremeter incluso contra menores, reporteros y hasta transeúntes que involuntariamente pasaban por esos lugares. La dirigente comunista Gladys Marín, luego de una de las acciones represivas que en total sumaron más de 220 detenidos, describió a Santiago como una ciudad sitiada y bajo estado de excepción, al más puro estilo de los años 80.
Las muestras fueron elocuentes de que los organizadores del encuentro tenían muy presente la impopularidad de estos eventos-símbolo de las políticas neoliberales, y que en sus versiones anteriores en Okinawa, Bangkok, Melbourne, Washington, Praga, Niza y Zurich, entre otros, se convirtieron en el centro de amplias manifestaciones de repudio.
El Partido Comunista acusó a la reunión del BID de "servir de plataforma a la globalización transnacional en esta etapa en la que se trata de hacer creer que las preocupaciones de los banqueros son ahora la reducción de la pobreza, el cuidado del ambiente o la modernización de la salud y la educación. Este primer objetivo publicitario tiene por fin contrarrestar las críticas crecientes en todo el mundo contra el desempleo, la marginación y la desigualdad que están causando las políticas neoliberales, y están llevando a las economías nacionales a la crisis y a la desesperación de muchos pueblos". El PC acusa a la reunión de tener como segundo objetivo la búsqueda de nuevas formas para "aumentar la rentabilidad de los capitales privados, particularmente en la esfera especulativa y financiera".
Por su parte, el presidente del BID, Enrique Iglesias, debió reconocer que al cabo de los últimos diez años no se ven avances en la distribución de los ingresos, y que 220 millones de habitantes de la región viven en la pobreza o la indigencia. Advirtió que el crecimiento exhibido por las economías bajo el actual modelo neoliberal no se extiende a las mayorías de la población, y que las demandas de justicia social deberán esperar.
LAS CUENTAS OCULTAS
El economista Orlando Caputo, del Centro de Investigaciones Sociales del ARCIS, detaca la responsabilidad directa del BID en la nueva forma de inserción de América Latina en la globalización de la economía mundial. Destaca que América Latina y el Caribe en las dos últimas décadas han tenido un crecimiento per cápita de sólo 0.3% anual, lo que sumado a la desigual distribución de la riqueza redunda en los hechos "en una disminución del ingreso per cápita desde 1981 al 2000 para amplios sectores de trabajadores y un crecimiento de los ingresos per cápita de los sectores más ricos, pues como reconoce un comunicado de prensa del propio BID, a medida que la riqueza crece, aumenta también la brecha entre ricos y pobres".
Es el temido balance que los estrategas de las políticas económicas y sociales aplicadas en la región no logran sortear. Incluso, un reciente Informe Anual del BID sobre América Latina lo señala directamente: "La evidente inequidad que tiene lugar en la sociedad de América Latina es una de las mayores del mundo y representa una barrera formidable al desarrollo de la región. Tal inequidad social y económica es producto de la distribución desigual de la dotación de recursos..., así como de diferencias en el acceso a las oportunidades".
REAFIRMACION DE LA DESIGUALDAD
"Se reafirma la profunda desigualdad, pero la explicación es circular -afirma Caputo-, pues la desigualdad es parte de la lógica del funcionamiento de la economía que ellos recomiendan, y se expresa tanto entre países desarrollados y atrasados como al interior de los mismos países". Ilustra la situación tomando como referencia a Estados Unidos: "La economía norteamericana ha tenido profundas transformaciones desde la década de los 80. De ser considerada en esa década una economía decadente, ha pasado a ser una economía con un dinamismo muy elevado. En los años 80 se daba por descontado el retroceso relativo de los Estados Unidos frente al avance de Japón. Se afirmaba que el dinamismo de la sociedad humana, en términos de tendencia de largo aliento, luego de pasar de Europa a Estados Unidos pasaría al Asia Pacífico. Muchos estudios señalaban la existencia de una hegemonía compartida. Se preveía que Estados Unidos sería definitivamente desplazado por Japón.
En los años 90, Japón vive una profunda y prolongada crisis, Europa crece lentamente, y Estados Unidos recupera en forma categórica la hegemonía que tuvo a inicios del milenio. Este proceso se apoyó en la dinámica que generan los mercados y en una propuesta estratégica implementada desde el Estado".
NUEVA ESTRUCTURA DE INVERSIONES
El investigador destaca que en la década de los noventa la economía norteamericana continuó con un crecimiento de las ganancias, inaugurando un período en que la acumulación capitalista se da en condiciones de una tasa de ganancia relativamente elevada, mientras que durante las dos décadas anteriores -de los 70 y gran parte de los 80-, la economía norteamericana funcionaba con una tasa de ganancia relativamente baja.
"El crecimiento de las ganancias apoya y es resultado de un proceso creciente de inversión, señala. Crece la inversión global. Pero crece más aun la inversión de las empresas que la inversión en construcción. Al interior de las empresas, lo que más crece son las inversiones en maquinaria y equipo. Al interior de éstas últimas, crece mucho más la inversión en maquinaria y equipo de alta tecnología. El valor de los equipos de alta tecnología ha disminuido drásticamente. Reemplaza maquinaria y equipos de la base técnica anterior por maquinaria y equipo mucho más productivos y más baratos".
RELACIONES LABORALES
Caputo agrega que un rasgo sustancial del nuevo escenario son los profundos cambios en la relación de las empresas con los trabajadores, y que permiten elevar las tasas de ganancia mediante un mayor grado de explotación, pues la dinámica actual de la acumulación de la economía de EE.UU. se basa fundamentalmente en los incrementos de la productividad del trabajo que permite el actual desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Simultáneamente, señala que en oposición a lo que sucede en EE.UU., en América Latina las dos últimas décadas se caracterizan por una dinámica económica muy débil y muy vulnerable a las crisis cíclicas, como ha quedado de manifiesto con la crisis de inicios de los 90, y posteriormente, las crisis de México y del sudeste asiático.
"La debilidad de la dinámica económica se explica en gran parte por un bajo nivel de la inversión de capital en la región. La inversión total ðen las empresas y en construcción e infraestructura- en Estados Unidos, pasó de 675 mil millones dólares en 1980, a 1.767 mil millones de dólares en el 2000. Es decir, aumentó en 162%. En tanto, en América Latina aumentó sólo en un 5% en ese largo período".
EXPUESTOS A CRISIS CICLICAS
El análisis también destaca que en 1980 la inversión de EE.UU. era dos veces la de América Latina, mientras que en los últimos años de la década de los 90, en pleno desarrollo del nuevo modelo, llegó a ser cerca de cinco veces la de América Latina, donde la inversión, además de crecer poco, cambió su composición al orientarse preferentemente a la construcción de nuevos barrios residenciales y centros turísticos, y en desmedro de la inversión en maquinarias y equipos. Todo lo contrario a lo ocurrido en el país del norte.
"Esto contrasta con la afluencia de inversión extranjera hacia América Latina -comenta-, pero ésta se ha orientado fundamentalmente a la compra de empresas ya existentes, y por lo tanto generan poca inversión nueva. Además, en muchos sectores disminuye el empleo neto.
Si esta situación se mantiene -y no hay antecedentes que nos lleven a pensar lo contrario- en América Latina la dinámica económica en los próximos años será débil y se verá drásticamente afectada por las crisis cíclicas. En algunos países es muy probable que se acompañe de crisis de Deuda Externa, por incapacidad de pago".
EXPERIMENTO AGOTADO
"En este contexto Chile aparecía como una excepción, ya que en gran parte de los 80 y hasta 1997 su economía mostraba un gran dinamismo. Sin embargo, el período de gran crecimiento se acompañó con la profundización de los problemas sociales. Todo indica que esta experiencia ðque aparece liderando las transformaciones en América Latina-, luego de 25 años de funcionamiento muestra que las bases que permitieron su dinamismo se estarían agotando. Nos referimos en particular a la dinámica exportadora y al incremento de las inversiones apoyadas en inversiones extranjeras.
El crecimiento de las ganancias es casi el único hecho económico similar que se da en América Latina y en Estados Unidos. Incluso, en América Latina las ganancias son mayores que en Estados Unidos.
Una parte pequeña de las ganancias incrementadas en América Latina se invierten en nuevas actividades productivas. Otra parte de estos excedentes se gasta en bienes de consumo, en nuevos barrios residenciales y centros de recreación. Otra parte muy importante de estas ganancias son remitidas al exterior".
DEUDA EXTERNA
"Desde América Latina, entre 1980 y el año 2000, por concepto de pago de intereses de la Deuda Externa y por Utilidades de la Inversión Extranjera salieron 1.042 miles de millones de dólares, cifra muy superior a la suma del aumento de la Deuda Externa y de la Inversión Extranjera Directa Neta. En los últimos años, desde América Latina sale más capital del que se recibe. Adicionalmente, América Latina ha visto incrementada su Deuda Externa desde 228 mil millones de dólares en 1980 a 751 mil millones de dólares en el 2000.
Este nivel de Deuda es anterior a los masivos créditos otorgados a Argentina, que tuvo muy poco de blindaje, como se le denominó. Hace unos meses, el acuerdo de medidas a implementar por parte del gobierno argentino fue saludado por todos los organismos internacionales, incluyendo al BID".
EL PARADIGMA DE ARGENTINA
Ahora, los participantes en la Reunión Anual del BID han declarado como en ocasiones anteriores que las medidas del nuevo ministro no sólo van en la dirección correcta, sino que son la única alternativa. La situación de Argentina es paradigmática en América Latina, porque se ha dado un proceso de involución. Argentina era un país relativamente desarrollado en comparación a Europa. Ahora, junto a la destrucción industrial se ha dado un agudo proceso de pobreza y un aumento acelerado de su Deuda Externa.
Muchos empresarios de diferentes países del mundo invierten en los Estados Unidos. Las inversiones de empresarios de América Latina en los Estados Unidos se han incrementado mucho en los últimos años.
En síntesis, en Estados Unidos, apoyado por capitales de todo el mundo funciona un capitalismo progresivo basado fundamentalmente en el desarrollo de las fuerzas productivas que lo lleva a una nueva etapa de crecimiento. En América Latina funciona un capitalismo reaccionario basado fundamentalmente en la explotación de los trabajadores y de los recursos naturales, que genera un crecimiento pequeño y desigual que difiere del dinamismo relativamente elevado de las décadas del 60 y 70.
En una encuesta realizada en América Latina, citada en un libro reciente del Banco Mundial, se dice: "Dos terceras partes de los entrevistados expresaron que sus padres habían vivido mejor que ellos..."
El Siglo