El resultado de esta situación es un Mediterráneo convertido en un marco clave de confrontación mundial entre los intereses de las superpotencias, así como entre éstas y los itereses de los diferentes pueblos de la zona que tratan de vivir dignamente. Es cierto que el Mediterráneo no es una zona geográfica exenta de tensiones y conflictos, pero el análisis ha de tener en cuenta otros problemas derivados de estructuras económicas injustas, además de la incapacidad del modelo occidental para resolver los problemas sociales y de preservar unos recursos naturales que ya se muestran al límite.
El discurso oficial de los países en la orilla norte, vehiculado a través de los medios de comunicación, simplifica el intento, por parte de los países de la orilla norte, de buscar soluciones desde sus propias raíces culturales y religiosas. Este discurso identifica islamismo, fundamentalismo y terrorismo, fomentando así la visión de un enemigo, en lugar de plantearse el necesario diálogo en igualdad de condiciones frente a la diversidad de respuestas culturales. Al mismo tiempo, no deja de ser algo contradictorio, ya que las potencias europeas no dudan en aliarse con los enemigos aparentes y potenciales con tal de desplazar a sus competidores, como es el caso de Arabia Saudí, de carácter fundamentalista y terrorista. De la misma manera, se ve como un peligro la gran cantidad de población joven de los países de la orilla frente al envejecimiento del norte, cuando ello podría representar en determinado contexto un valor muy positivo para el desarrollo, así como un potencial evidente de cambio y transformación.
Las mujeres, la mitad de la población mediterránea, sometidas a la cultura patriarcal y a sus estructuras de dominación, sufren de manera muy directa las ataduras y las desigualdades sociales. Esta situación es más evidente donde ellas tienen más dificultades para que sus voces se escuchen en público.
La visión dominante de la orilla norte trata los flujos migratorios de una manera instrumental y, en muchas ocasiones, alarmista. El trabajador/a inmigrante procedente del sur no es contemplado como un ciudadano de pleno derecho, sino com un recurso en el marco de una economía de mercado que, si bien permite la libre circulación de capitales y mercancías, obstaculiza la circulación de personas. Así, estas personas, a las que injustas legislaciones como las creadas por el Grupo de Schegen y la denominada "Ley de Extranjería" desposeen de sus derechos como ciudadanos y como trabajadores, se ven obligados a cubrir los lugares inferiores de un mercado que el modelo de desarrollo necesita cada vez más segmentado. Para justificar estas situaciones humana y laboralmente indignas, se agitan los miedos a supuestas "invasiones" que alimentan el racismo y la xenofobia que, por otro lado, se quiere combatir.
Frente a la celebración de la Conferencia Gubernamental de la Unión Europea sobre la región del Mediterráneo, que incide directamente sobre estas cuestiones, convocamos la Conferencia Mediterránea Alternativa, que nos permita a las ONGs y movimientos sociales de los países mediterráneos la formulación de propuestas y prioridades propias, así como la creación de mecanismos estables de seguimiento y dinamización.
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