Què és Gretel?

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GRETEL es un portal que agrupa las actividades de docencia e investigación relacionadas con la literatura infantil y juvenil que se generan en la Universidad Autónoma de Barcelona, en su mayoría vinculadas al Departamento de Didáctica de la Lengua, la Literatura y las Ciencias Sociales. Aquí encontrarás reunida información sobre cursos y redes y grupos de investigación.
El reino del alma Imprimir E-mail
Escrito por Gustavo Martín Garzo   
El amor y la muerte son sin duda los dos grandes temas con que se tejen todas las historias que merecen la pena, y no creo que sea bueno ocultárselos a los niños. Todos los grandes cuentos hablan del amor, pero también de la desdicha y la muerte. La gran literatura se sitúa en ese territorio que antes ocupaba la religión. Pero, ¡ojo!, la religión de que hablo no tiene nada que ver con la iglesia. No se trata de elaborar normas que nos digan cómo debemos comportarnos, sino de propiciar un estado de disponibilidad que nos permita abrirnos a lo valioso. Ese es el tema de todos los cuentos, de ahí la importancia que cobra en ellos un  símbolo como el tesoro. Los personajes de los cuentos siempre buscan lo valioso, que es aquello capaz de dotar de sentido a lo que hacemos. Siempre me ha sorprendido la torpeza de la iglesia católica. Tienen un montón de bellas historias y en vez de limitarse a leerlas, se empeñan en extraer de ellas enseñanzas precipitadas y simples. Deberían hacer como los poetas, limitarse a leer sus historias. No comprendo cómo no se dan cuenta de que el consuelo que ofrecen esas historias no es comparable a nada, y mucho menos a sus rancios sermones. Pero también hay otra cosa que esos sermones no pueden ofrecer, la libertad, ese vivir sin por qué del que hablaba el maestro Eckarth, y que es inherente al arte de narrar.

Me acuerdo de la parábola de las vírgenes prudentes y necias, Las primeras guardaban su aceite esperando la llegada del novio que habría de llevarlas a la boda; las segundas, se entretenían en la noche llevando su lamparita encendida, de forma que cuando llegaba el novio habían gastado su provisión de aceite y no podían seguirle. ¿Con cuál de ellas nos quedamos? Si lo hacemos con las prudentes, nos perdemos el gozo de ese deambular en la noche; si lo hacemos con las necias,  nos quedamos sin boda… Creo que las grandes historias son las que aciertan a combinar ambos mundos. El personaje de Peter Pan pertenece al mundo de las vírgenes necias,  pero Wendy es una virgencita prudente; y lo mismo pasa con Don Quijote y Sancho. Una vez se me ocurrió decir un poco en broma que el narrador era un perverso con corazón candoroso. Y es lo que creo de verdad. La razón ultima por la que se contamos a un niño una historia es buscando su felicidad. No creo que haya una razón de más peso para contársela. Hay otras: que les enseñen a ser generosos, a amar la naturaleza y a los animales, a confiar en los que quieren, a no tener miedo. Pero lo esencial es que les haga felices escucharla. Si no ¿para qué se la contaríamos? Es como cocinar para ellos. Lo hacemos porque necesitan alimentarse, pero ese mundo de bizcochos, tartas de crema, natillas y leche frita, pertenece al mundo del alma. Es curioso, a veces pienso que eso que llamamos alma es la parte menos doctrinal y previsible del hombre, porque el alma ama vivir sin porqués. Borges decía que quien escribe para niños puede quedar contaminado de puerilidad. Y es cierto, pero no lo es menos que el problema no está en los riesgos que se corren sino en cómo  los logramos salvar. Además ¿qué es ser pueril? Somos pueriles cuando jugamos con un niño pequeño o cuando paseamos con un perro. Somos pueriles cuando amamos a alguien, cuando nos arreglamos para ir a una fiesta o cuando bailamos, y lo seremos definitivamente cuando nos hagamos ancianos. Don Quijote es pueril, y muchos personajes de Kafka también lo son. Incluso me atrevería a decir, que la lectura es un acto pueril, ya que nos instala en el mundo de la irrealidad. En ese caso ¿por qué habría de ser mala? La puerilidad no se confunde con la niñería. Tenemos vidas reales pero nos enamoramos de vidas irreales. Por eso necesitamos los cuentos.
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