Nana Vieja
Margaret Wild (textos), Ron Brooks (ilustraciones).
Caracas: Ekaré, 2000.
Nana Vieja y Chanchita, comparten todo: las tareas de la casa, los
momentos de descanso y disfrute hasta que un día Nana Vieja no quiere
levantarse de la cama.
En este álbum infantil, cada uno de los dos personajes protagonistas
madura y afronta el hecho de la muerte desde su distinto papel: el de
una abuela y una nieta.
Los recursos narrativos pensados para niños bastante pequeños: animales
humanizados; narración omnisciente en tercera persona; ilustración con
acuarelas muy suaves, hacen que se concentre toda la fuerza expresiva
en la comprensión paulatina del hecho que está sucediendo: Nana Vieja
va a morir.
¿Qué es lo que se puede hacer cuándo llega este momento?
Después de solucionar sus asuntos prácticos: “
Ahora-dijo Nana Vieja- quiero festejar”.
Y comienza la luz, la sinfonía de la vida y la naturaleza: Nana Vieja
muestra a su nieta el misterio de la vida, el sol sobre las hojas, las
nubes, el reflejo del árbol en el lago, el olor de la tierra, el sonido
de los loros, en definitiva: todo el mundo sensible. Y le enseña el
respeto ante las decisiones de los otros, la serenidad y compañía como
mejores aliados en los momentos más importantes.
Un (pre)lector de cinco años que asiste a la lectura de este álbum
participa de la esperanza de Chanchita. Hay un momento, temprano en la
historia, denotado por la ilustración y por la cadencia del texto, que
introduce, sin vuelta atrás, el presentimiento de la muerte. En ese
momento el niño pregunta: ¿será que va a morir? A partir de ahora, todo
lo que ocurre le produce un sentimiento complejo, en muy pocas páginas
se enfrenta a la tristeza, a la separación, al miedo a la soledad y
siempre guarda una pequeña esperanza: que es un cuento y al final todo
se soluciona. Cuando el libro termina, después de un delicado viaje, el
niño, que ha sufrido con la historia, es más sabio:
-Este libro no me gusta-dice Nadia (5 años)
-¿Por lo que sucede en él o por los dibujos o por Chanchita y su abuela?
-Bueno, sí me gusta, pero no me lo vuelvas a leer.
Un niño de esta edad está desarrollando un complejo diálogo con sus
emociones, ahora siente inseguridad ante la muerte, comienza a
relacionarla con la vejez y teme por la desaparición de sus padres o
personas de referencia. También desarrolla el sentimiento del amor y lo
fórmula. Las emociones que ese monólogo interior desencadena, unidas al
sentido de la compasión de los niños de esta edad, los convierte en
seres afortunados.
Creo que
Nana Vieja es un libro que contribuye a la educación
sentimental y sensitiva en una edad muy temprana y consigue un
equilibrio delicadísimo entre narración visual y textual.