Era el 19 de abril. Me
encontraba en el jardín. De repente vi llegar a cientos de policías
serbios. Iban a pie, y en camiones blindados. Comenzaron a disparar.
Los hombres escaparon al monte para evitar ser apresados. Quedamos 200
niños, 100 mujeres y 11 ancianos.
Nos reunieron, separaron del
grupo a los viejos y sin decir palabra les pegaron un tiro. Yo vi como
los mataban. Después les arrojaron a un pozo. Luego se acercaron
al grupo y nos dijeron: Aún hay sitio para todos vosotros. Pensábamos
que íbamos a morir.
Tras matar a los viejos, nos
dividieron en tres grupos. Cada uno fue encerrado en una casa. Los policías
y los paramilitares escogieron a las mujeres más jóvenes
y hermosas con linternas, Se las llevaron a otra casa en la que habían
instalado el cuartel general. Querían que cocinaran para ellos.
Las mujeres se cubrían el rostro y suplicaban entre gritos y sollozos
no tener que acompañarles.
En esa casa les obligaron
a servir café con los pechos al aire. Mientras hacían el
trabajo , las manosearon y jugaron con ellas, después las violaron.
Al terminar la penetración, les daban chocolate y las devolvían
con las demás.Todas las que se iban regresaban dos o tres horas
después con ese regalo. El sistema de selección con linterna
se repitió en la tercera noche. Una de las mujeres fue violada por
varios soldados.
Al cuarto día, los
policías nos llevaron a las mujeres y los niños a Duhel.
Allí nos exigieron una tasa de 50 marcos alemanes (4.250 pesetas)
"Es el impuesto por los bombardeos de la OTAN" , decían.
Para asegurar el cobro, los
paramilitares tomaron a los niños por el cuello y les amenazaron
con cuchillos. Entre todas les entregamos 4.000 marcos (340.000pesetas).
En Duhel pasamos otros tres
días sin poder lavarnos ni comer. Después nos llevaron hasta
la frontera con Albania y nos expulsaron del país.