En Colonia (Alemania) se aprobó un proyecto de implantar taxis eléctricos.
Los taxis llevaban un remolque, con ruedas, que se acoplaba y desacoplaba con facilidad, en la parte posterior del vehículo. Este remolque llevaba las baterías necesarias para el funcionamiento del taxi.
En
los lugares de suministro de energía, había estacionados
varios remolques con las baterías carrgádose de electricidad.
La suficiente provisión de remolques hacía que un taxi con
las baterías casi descargadas llegase al lugar de carga, cambiase
de remolque, y continuase funcionando normalmente, sin excesivas pérdidas
de tiempo.
De esta forma, los taxis utilizaban una energía nada polucionante y nada ruidosa. Con el uso de la electricidad se daba la oportunidad de utilizar fuentes de energía renovables.
Esta propuesta hubiese podido ir acompañada de otra, que es la prohibición de la circulación de los vehículos particulares en el interior de la ciudad, pero se interpuso el veto de la administración de ocupación de los Estados Unidos, impuesta después de la Segunda Guerra Mundial a Alemania.
La propuesta fracasada hubiese establecido en Colonia el monopolio de
los vehículos de transporte público, como autobuses, metros,
taxis, tranvías y trolebuses, en la circulación del interior
de la ciudad. El tránsito hubiese sido mucho más fluido y
menos peligroso para los peatones. Además, estaba prevista la construcción
de grandes zonas de párquings en las afueras de la población,
que estarían cerca de los accesos de los transportes públicos.